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TDAH-TDA Detección, Identificación, Valoración y Consejos para el Profesorado

beGAC Jul 29
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Durante los últimos años, el niño con Déficit de Atención con Hiperactividad ha venido siendo identificado como tal siguiendo lo que se conoce como “Criterios Diagnósticos”.

Obviamente, cualquier trastorno de salud física o de comportamiento puede y debe “clasificarse” y caracterizarse para obtener una denominación que permita a todos los profesionales comunicarse entre sí de una manera clara, sencilla, rápida y eficaz.

Esto requiere obtener un conocimiento adecuado de los indicadores de cualquiera de los trastornos que supongan una diferencia significativa respecto de la situación de salud física o de comportamiento adaptativo.

En la investigación médica y conductual, lo más razonable parece comenzar por la elaboración de un modelo conceptual que permita explicar la naturaleza del trastorno: su causa o causas posibles, su evolución y, en general, la aparición de cada una de sus manifestaciones bioquímicas o comportamentales, en una relación causa‐efecto.

A partir del diseño de tal modelo conceptual, se clarifican notablemente todas las variaciones individuales y contextuales en que se puede manifestar cualquier enfermedad o trastorno, favoreciéndose el diagnóstico precoz, la diferenciación con otros problemas y el diseño de planes de intervención o terapias eficaces.

En el caso del TxDAH, resulta sorprendente la actitud (persistente a través de los años) de la APA, que parece insistir en que los profesionales identifiquen a los sujetos con este problema, siguiendo criterios estadísticos.

Esto significa lo siguiente: como parece haberse observado que en los casos que denominamos TxDAH se manifiestan unos indicadores conductuales concretos, se elabora una lista de estos indicadores, se ordenan por frecuencia observada y … ya se puede indicar a Padres y Maestros que su hijo o alumno es “estadísticamente TxDAH”. Esto y no otra cosa es, a nuestro entender, el DSM‐IV, en lo que hace referencia a los criterios diagnósticos sugeridos para identificar sujetos con TxDAH. Curiosamente, este método de diagnóstico, similar al propuesto por la Organización Mundial de la Salud, no coincide en lo esencial con su ”homólogo” CIE‐10.

En ambos casos, en nuestra opinión, con sutiles y muy importantes diferencias entre sí, se omite un modelo conceptual que explique el trastorno. Sencillamente, se observa al sujeto (sus manifestaciones conductuales) y se propone el diagnóstico siempre que se presenten unos u otros indicadores del mismo.

Así, no resulta sorprendente que se haga necesaria la distinción entre grupos de sujetos que presentan unos u otros indicadores conductuales con mayor o menor intensidad o frecuencia y se “subclasifique” a los niños y adolescentes (más frecuentemente a éstos últimos) en subtipos clínicos.

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